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Réplica desafilante (4.ª parte): «Se canta: Patria y Vida»

Por Legren Velez, Presidente de MenschenDeCuba e.V.
Kirchdorf an der Iller, 4 de abril de 2026. Michel Torres Corona comienza su nueva columna «Stimme aus Havanna» (Voz desde La Habana), titulada «Weitersingen trotz Stromausfalls» (Seguir cantando a pesar del apagón), publicada en el Junge Welt el 2 de abril de 2026, con un viaje idealizado por el mundo de la ópera, con el fin de situar a Cuba en una serie de escenarios «exóticos». Esta estrategia retórica sirve para ocultar las condiciones sociales reales. A diferencia de las óperas de Richard Wagner, Verdi o Puccini, Cuba no es, sin embargo, un escenario ficticio, sino un país en el que desde hace décadas se restringen los derechos fundamentales a la libertad. La realidad está marcada por la censura, la persecución política y una vida cultural que solo puede existir dentro de unos límites ideológicos. Los artistas que se expresan de forma crítica —como en el contexto de las protestas del 11 de julio de 2021— son sistemáticamente intimidados, detenidos o empujados al exilio. La representación de un país culturalmente libre y floreciente es, por lo tanto, no solo incompleta, sino engañosa. El hecho de que haga referencia precisamente a la controvertida obra «El anillo del nibelungo», que históricamente también fue instrumentalizada por los nacionalsocialistas debido a los escritos antisemitas de Wagner y a sus motivos nacionalistas germánicos, revela además una concepción cuestionable de la cultura y pone de manifiesto una mentalidad autoritaria en su argumentación. Hablando de censura: incluso el propio autor Michel Torres Corona experimentó en carne propia la semana pasada cómo funciona la censura, cuando su crítica a un miembro de la familia Castro fue eliminada de su programa «Con Filo».

El sistema educativo y la producción cultural: una imagen distorsionada

La afirmación de que el sistema educativo cubano garantiza el libre acceso al desarrollo cultural ignora el control ideológico que subyace a dicho sistema. Si bien existe un sistema de formación para artistas organizado por el Estado, el talento de las personas es la verdadera clave para el desarrollo. Y precisamente ese talento no debe supeditarse a la lealtad política. En Cuba, sin embargo, el éxito artístico está estrechamente ligado a la conformidad ideológica. Numerosos artistas tuvieron que pagar un precio extremadamente alto por querer ejercer su arte en disidencia con la revolución castrista, entre ellos Celia Cruz, Reinaldo Arenas y Heberto Padilla. Sus biografías son un ejemplo de un sistema que no fomenta el desarrollo artístico independiente, sino que lo sanciona.

Crisis energética: problemas internos en lugar de culpar a factores externos

La crisis energética descrita en el artículo se atribuye de forma unilateral a la política estadounidense. Esta interpretación pasa por alto hechos fundamentales. La infraestructura energética de Cuba lleva décadas infrafinanciada y técnicamente obsoleta. El colapso de la red eléctrica no es solo consecuencia de las sanciones externas, sino también de una mala gestión estructural, la falta de inversiones y errores de planificación centralista. Ya en la década de 1990, tras la desintegración de la Unión Soviética, se puso de manifiesto la extrema dependencia del sistema respecto a los recursos externos. Los apagones recurrentes son, por lo tanto, expresión de un problema sistémico. La escena descrita, en la que el público salva una representación operística con las luces de sus teléfonos móviles, puede resultar emotiva, pero oculta la penuria cotidiana de la población, que debe arreglárselas regularmente sin electricidad, agua ni servicios básicos.

La vida cultural en el día a día: entre la puesta en escena carencias

La imagen de una vida cultural floreciente ignora las condiciones de vida reales de muchos cubanos. Los eventos que se celebran en La Habana —especialmente en los barrios turísticos— no reflejan la situación del resto del país. Fuera de la capital, la oferta cultural es muy limitada, a menudo debido a la falta de recursos o de infraestructura. Al mismo tiempo, fuentes independientes informan de un aumento de la pobreza, la escasez de alimentos, la creciente desigualdad social y la delincuencia. El hecho de que la gente acuda, a pesar de todo, a eventos culturales no es tanto una expresión de «voluntad revolucionaria de resistencia», sino más bien un intento de escapar momentáneamente de la agobiante rutina diaria. Esta realidad se omite deliberadamente en el artículo.
 
Se utiliza la mención de un petrolero ruso para respaldar un discurso político que atribuye la responsabilidad exclusivamente a factores externos. De hecho, Cuba lleva años dependiendo de socios cambiantes: primero la Unión Soviética, después Venezuela y ahora, cada vez más, Rusia. Esta dependencia es el resultado de una diversificación económica fallida. Al mismo tiempo, el autor omite que el Gobierno cubano ha retrasado o bloqueado repetidamente las reformas internas. La crisis económica no es, por tanto, solo consecuencia de las tensiones internacionales, sino también el resultado de decisiones políticas dentro del país.

¿Voluntad de resistencia o protesta reprimida?

La tesis central del artículo —un pueblo inquebrantable que «sigue cantando»— contradice las protestas documentadas de los últimos años. El 11 de julio de 2021, miles de cubanos salieron a la calle para manifestarse contra el Gobierno: las mayores protestas en décadas. La reacción del Gobierno comunista consistió en violencia policial, detenciones masivas, juicios espectáculo y largas penas de prisión. Organizaciones como Amnistía Internacional y Human Rights Watch han documentado exhaustivamente estas represiones. La «voluntad de resistencia» de la que habla Torres se dirige, en realidad, cada vez más contra su propio sistema político. La canción «Patria y Vida» se convirtió en el himno de esta protesta. Hasta hoy, las largas penas de prisión de Luis Manuel Otero Alcántara y Maikel Castillo recuerdan que es, de hecho, el pueblo el que sigue luchando con firmeza por la libertad, la democracia y una vida en la que se respeten sus derechos humanos.

 

In Memoriam
Manuel de Jesús Guillén Esplugas, preso político, participante en las protestas del 11 de julio y bisnieto del poeta nacional Nicolás Guillén, defendió ese día los valores de la libertad y la democracia. Su muerte violenta bajo la custodia del Estado sigue sin esclarecerse hasta el día de hoy. Pero tales actos no quedarán impunes: en futuras comisiones de la verdad se hará justicia a las víctimas de la dictadura comunista. A partir de ahí, la canción «Patria y Vida» seguirá cantándose sin cesar, sin castigos y sin censura.
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