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Somos el pueblo, no un trofeo de la revolución: el «Convoy Nuestra América», símbolo de una solidaridad fallida

Múnich, 24 de marzo de 2026

Las imágenes desde La Habana son difíciles de soportar: mientras millones de cubanos sufren apagones, hambre y falta de perspectivas, delegaciones internacionales escenifican una “misión de solidaridad” con cámaras, consignas y apariciones políticas. Para nosotros, como MenschenDeCuba e.V. y como parte de la sociedad civil cubana independiente, está claro: esta forma de solidaridad no habla por nosotros, ni nos ayuda.

Nosotros somos el pueblo cubano. No aquellos que llegan por unos días, se alojan en hoteles con aire acondicionado y difunden mensajes políticos sin compartir la realidad de la vida cotidiana.

Un convoy para las cámaras, no para la gente

El “Convoy Nuestra América”, organizado en 2026 por redes internacionales de izquierda, llevó delegaciones de más de 30 países a La Habana. Entre los participantes se encontraban políticos y activistas conocidos como Pablo Iglesias, Jeremy Corbyn, Rashida Tlaib, Clara López, Hasan Piker y el grupo de rap irlandés Kneecap.

Paralelamente se entregaron suministros: medicamentos, alimentos y tecnología solar. Pero estas imágenes no deben ocultar lo esencial: la acción fue, ante todo, una puesta en escena política.

Mientras el convoy era celebrado en el Palacio de las Convenciones, la dirigencia cubana proclamaba de forma grandilocuente que daría “la vida por la Revolución” y agradecía la “lección humanista” de los participantes. Para muchos cubanos, esto suena a burla.

Porque la realidad fuera de esos salones es muy distinta.

La responsabilidad del gobierno: una crisis estructural

Cuba atraviesa una de las peores crisis de su historia. Apagones masivos, escasez de alimentos y medicamentos, y un sistema de salud colapsado forman parte del día a día. Regiones enteras pasan horas o días sin electricidad, los hospitales operan al límite y las familias luchan por sobrevivir.

Esta crisis no es solo resultado de factores externos. Sí, las sanciones internacionales influyen. Pero la responsabilidad principal recae en el gobierno comunista en La Habana.

Décadas de mala gestión, un sistema económico ineficiente, la falta de reformas y la represión sistemática de la iniciativa individual han llevado al país a esta situación. Quien impide mercados libres, reprime la crítica y monopoliza el poder político, es responsable del resultado.

Si hoy el 80 % de los cubanos considera que la situación es peor que durante el Período Especial de los años 90, estamos ante una señal de alarma, no ante una oportunidad para la propaganda.

Entre lujo y realidad: una brecha inaceptable

El contraste entre el convoy y la vida cotidiana del pueblo cubano es profundamente cínico. Mientras el sistema eléctrico colapsa a nivel nacional y el consumo energético se desploma, muchos participantes se alojan en hoteles con electricidad garantizada y aire acondicionado.

Declaraciones como la de Pablo Iglesias, afirmando que la situación es “difícil, pero no como se presenta desde fuera”, reflejan una desconexión alarmante. Para muchos cubanos, esto no solo es incorrecto, sino ofensivo.

Las críticas aumentan. Una intelectual cubana habló de una “folclorización de la miseria”, mientras otros denuncian un “activismo performativo”: solidaridad como espectáculo, no como ayuda.

El ex campeón mundial de ajedrez Garry Kasparov lo resumió con dureza:
“¿Por qué no intercambiamos a estos idiotas por un número igual de cubanos que quieran vivir en el mundo libre?”

Una frase dura, pero que refleja el hartazgo de muchos.

¿Ayuda o propaganda? ¿Quién se beneficia realmente?

Un punto clave es la distribución de la ayuda. Los suministros son canalizados a través de estructuras estatales, especialmente organizaciones vinculadas al gobierno. Esto genera serias dudas sobre si realmente llegan a quienes más lo necesitan o si terminan reforzando al sistema.

Las visitas internacionales son utilizadas estratégicamente para proyectar una imagen de apoyo global. Mientras tanto, la sociedad civil independiente sigue excluida, marginada o incluso reprimida.

Una solidaridad que no es independiente deja de ser solidaridad. Se convierte en parte del problema.

Nuestra voz: la solidaridad empieza con la verdad

Como MenschenDeCuba e.V. lo decimos claramente: Cuba no necesita espectáculos políticos. Cuba necesita apoyo real – y, sobre todo, honestidad.

Honestidad significa nombrar la responsabilidad del gobierno. Significa escuchar a los cubanos que sufren diariamente las consecuencias de este sistema. Y significa hacer preguntas incómodas:

¿Por qué los funcionarios viven con privilegios mientras el pueblo empobrece?
¿Por qué la ayuda se controla de forma centralizada en lugar de distribuirse directamente?
¿Por qué los cubanos no pueden decidir libremente su futuro?

La verdadera solidaridad consiste en estar al lado del pueblo, no del poder.

Nosotros, los cubanos, somos el pueblo. Nuestra realidad no es un símbolo político, ni un escenario, ni un “resort”. Quien realmente quiera apoyarnos debe escucharnos – no hablar por nosotros.

Solo así la solidaridad dejará de ser un espectáculo.

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